domingo, 12 de junio de 2011

Juego de tronos (Canción de hielo y fuego)

Esta esperadísima serie de HBO (suma y sigue) se ha convertido por méritos propios en la gran protagonista de la parrilla televisiva estadounidense de la segunda mitad de la temporada. No solo no ha defraudado, sino que creo que ha superado todas las expectativas que los espectadores pudiéramos tener. Yo no me he leído los libros en los que se basa la serie (escritos por George. R. R. Martin), pero aquellos que si que los han leído dicen que la serie es una adaptación fiel que para nada desmejora el original. Una cosa se puede decir bien clara: Nunca se ha producido una serie de televisión de imagen real de género fantástico de esta calidad.



La premisa de Juego de Tronos es complicada de describir, ya que transcurre en un universo medieval que nada tiene que ver con el nuestro. En la Tierra de Westeros hay un rey y varias Casas nobles que se disputan el trono. Al norte de dicho territorio hay una gran muralla de Hielo que protege al reino de unos gigantes que supuestamente han dejado de existir. Al este, el mar baña la costa, pero al otro lado hay otras naciones cuyas únicas relaciones con Westeros se limitan a esporádicas transacciones comerciales. Una de esas transacciones la realiza Viseros Targaryen, de la Casa Targaryen, antiguos reyes de Westeros. Targaryen vende a su hermana Danenerys a Khal Drogo, rey de los Dothraki, un pueblo de jinetes que ayudará a los Targaryen a recuperar el trono. Mientras esto sucede, el Rey Robert le pide a su mejor amigo, Ed Stark (interpretado por Sean Bean, Boromir en El Señor de los Anillos) de la Casa Stark que sea la Mano del Rey (una especie de máximo consejero). La Casa Stark es la casa que supuestamente defiende al resto del reino de la amenaza al otro lado de la muralla. Ed acepta a pesar de que sabe que la anterior Mano del Rey fue asesinada. El Rey Robert está casado con Cersei Lannister, la familia más rica del reino. Por si todo esto fuera poco, se habla constantemente de unos dragones extintos que parece van a aparecer en algún momento.

A primera vista Juego de Tronos se parece al Señor de los Anillos. Ambos son historias en un universo fantástico creado desde cero por sus autores con sus reglas y su geografía (En Juego de Tronos, por ejemplo, el verano y el invierno no son cíclicos). No obstante, esta serie tiene más de Los Soprano que de Tolkien. Aquí los humanos nos se unen ante una amenaza sobrenatural, sino que son ellos mismos la amenaza. Todas las Casas tienen relaciones familiares entre ellas, pero eso no es motivo para que no se apuñalen en la espalda para obtener más poder.

Juego de Tronos se ha rodado en Irlanda del Norte y el diseño de producción es de la más alta calidad. No obstante, formalmente, lo más destacable es la crudeza de las imágenes fotografiadas. Creo que nunca había visto una serie de imagen real con este nivel de violencia explícita y la verdad es que se agradece. El Señor de los Anillos supuso una legitimación del género fantástico en la gran pantalla y ha venido seguida de algunas películas de aceptable nivel. Esperemos que Juego de Tronos suponga lo mismo para la pequeña pantalla.



domingo, 5 de junio de 2011

Resacón 2 ¡Ahora en Tailandia! (2011)

La secuela de la sorpresa taquillera de 2009 ha llegado a los cines y no ha defraudado, habiendo obtenido una recaudación de 200 millones de dólares en su primer fin de semana. Estos resultados son los previstos, a pesar de que cierto grupo de personas (sobre todo los críticos) se sientan defraudados con el producto. La verdad, no entiendo qué esperaban. Ni la primera película fue tan buena ni rompedora como pintaban, ni esta secuela es tan mala. Es cierto que la estructura narrativa es la misma al cien por cien, pero a mi me ha gustado más esta.



La elección de Bangkok como escenario de la acción se me hace muy acertada. Las Vegas es una ciudad que nunca me ha llamado la atención a pesar de las miles de películas cuyos personajes viven sucesos extraordinarios en sus casinos y discotecas. En cambio, Bangkok es otra ciudad del pecado/placer que ha sido mucho menos explorada en el terreno cinematográfico. Es una ciudad con su miseria, su pobreza, sus rarezas (lady boys, etc.) pero además de todo eso, tiene un lado pacífico gracias a los templos budistas y los paisajes paradisiacos de los alrededores. Este contraste entre la fiesta más descerebrada y la vida “normal” hacen de Bangkok una ciudad muy atractiva que desafortunadamente no ha sido proyectada en una pantalla de cine lo suficiente. Esperemos que esto cambie, pues ya dicen algunos medios que la producción de Resacón, con un presupuesto de 80 millones de dólares, ha supuesto toda una revitalización de la industria tailandesa.

En esta película, el que se casa es Stu, aquel simpático dentista que en la primera película se casa con una prostituta (como bien nos recuerda Alan, interpretado por Zach Galifianakis). Stu se va a casar con una tailandesa y por eso la boda se celebra allí. Phil y Doug (el que se casó en la primera película) convencen a Stu para que inviten a Alan, a pesar de que Stu no quiere invitarlo para que no se repita la situación. Los amigos llegan al hotel donde se va a celebrar la boda y deciden tomarse unas cervezas en la playa, acompañados de Teddy, el hermano de la novia y… Phil, Stu y Alan acaban despertándose en una habitación de un hotel de mala muerte en Bangkok junto a un mono y el Sr. Chow (aquel personaje asiático que les secuestró en la primera parte). A parte de todo el destrozo que han causado, el gran problema es que han perdido a Teddy y no recuerdan lo que hicieron la noche anterior. Doug, al igual que en la primera película, tendrá muy poco peso en esta película, ya que él abandonó la fiesta antes y está en el hotel de la boda sano y salvo.

Como veis, es exactamente la misma premisa y trama que la anterior película, solo que en esta Teddy sustituye a Doug como el personaje perdido al que deberán encontrar antes de que se celebre la boda. Si lo que queréis es pasar unos 100 minutos repletos de carcajadas y de situaciones espectaculares, esta película no os defraudará. En cambio, si estabais buscando una pizca de profundidad existencial, os habéis equivocado de película. Deberíais ir a ver El árbol de la vida (razón por la cuál dudo mucho de que vaya a verla).


domingo, 29 de mayo de 2011

Hanna (2011)

Me dispongo a ver Hanna, motivado por la recomendaciones de mis amigos y sobre todo, por lo atractivo de la premisa: una preadolescente que reparte hostias como panes. La película empieza con un único título de crédito: “A Joe Wright film”. Un momento, ¿no es ese el tío que dirigió ese bodrio infumable que no pude ni terminar (y mira que son pocas las películas que no puedo terminar) llamado Orgullo y Prejuicio? ¿Qué hace ese tío dirigiendo una de género?


Y la respuesta es que Hanna, aunque sea un thriller de acción, es ante todo, un anime en imagen real combinado con arte y ensayo. La filmografía nipona está llena de obras que son referencias de Hanna, como Blood, Ghost in the Shell, Black Lagoon, etc. Es obvio que los guionistas Seth Lochhead y David Farr han visionado interminables horas de anime para construir esta historia.

Hanna es una chica que se ha criado con su padre (Eric Bana) en el bosque, sin ningún tipo de contacto con el resto del mundo. Aún así, Hanna es un pequeño genio que habla varios idiomas, es una enciclopedia andante y es cinturón negro en todos los artes marciales existidos y por existir. Hanna quiere conocer el mundo y su padre le advierte de que si lo hace van a tener que eliminar a una tal Marissa (hacía mucho tiempo que no veía a Cate Blanchett tan deslumbrante), porque una vez salgan al exterior, dicha mujer va a intentar asesinarla a ella y a su padre. El motivo real no lo sabremos hasta bien entrados en el segundo acto. Supongo que este será uno de los motivos que los detractores de dicha película utilizarán para cebarse con ella.

El arte y el ensayo de la película lo aportan Joe Wright y los Chemical Brothers. El estilo visual de los encuadres es prácticamente una traducción literal del anime a la imagen real y esto es razón suficiente para que yo felicite a Wright. Un director con una cultura visual global es una rareza y suele diferenciar a los muy buenos de los buenos. El montaje es una cosa fuera de lo común, es exquisito. Casi se puede decir que está película es un videoclip. Las repeticiones, los cortes sincopados al ritmo de una banda sonora endiablada (y totalmente recomendable), los movimientos de un solo personaje totalmente destacado ante una masa de atacantes pueden ser más propio de un video clip que del cine, pero sinceramente creo que funcionan. Dotan a esta historia nada realista de un estilo que legitima la obra y sus aspiraciones estéticas.

El último punto que me gustaría destacar de la película son sus localizaciones (algunas muy de video clip también) o mejor dicho, los países por los que Hanna viaja. Marruecos, España (por desgracia no se rodó nada en nuestro país), Francia y Alemania. Hanna conoce en Marruecos a una familia de hippies británicos que viajan en una furgoneta, y la verdad es que dicha familia se convierte en uno de los personajes más entrañables de la cinta. Por momentos, Hanna se convierte en una película que describe cómicamente la realidad europea en la que estamos acostumbrados a interactuar constantemente con personas de otros países, lo cual me parece que es más propio de Europa que de otros continentes.

sábado, 21 de mayo de 2011

Thor

Lo que más destaca de esta película palomitera que va camino de recaudar más de 400 millones de dólares no es un aspecto positivo. Es más, es posible que no sea justo criticar la obra de Kenneth Branagh por dicho elemento, pero yo no me resisto a mencionarlo. ¡La proyección en 3D de dicha película es una estafa! Todavía me duelen los $20 que me gasté ayer en una proyección en la que los trailers tenían un 3D más logrado que el de la propia película.


Como la mayoría de vosotros sabréis, Thor es una adaptación a la gran pantalla del personaje del Universo Marvel del mismo nombre. Thor pertenece al folklore escandinavo y es el Dios del Trueno (por cierto, se ha perdido una gran oportunidad de utilizar la canción God of Thunder de Kiss), hijo de Odín (interpretado por Anthony Hopkins). Por supuesto, dicho folklore se ha visto modernizado, y Asgard, el Olimpo escandinavo, no es otra cosa que un planeta. Los dioses no son dioses, sino entidades alienígenas que se proclaman como reyes de un universo dividido en 9 reinos. En uno de esos reinos habitan los Gigantes de Hielo, con los cuales se ha luchado una sangrienta guerra y esperan la oportunidad de poder volver atacar a Odín. Y eso es justamente lo que sucede el día de la supuesta coronación de Thor como rey, y debido a su idiosincrasia excesivamente violenta, Odín decide quitarle los poderes a Thor y desterrarlo a la Tierra. El problema es que el hermano de Thor, Loki, no es trigo limpio, y va a apoderarse del trono de Asgard.

Como habréis podido deducir de la sinopsis del párrafo anterior, esta historia tiene mucha información contextual que debe ser proporcionada al espectador. En mi opinión, la información está ahí y es comprensible, pero creo que no se ha proporcionado de la manera más brillante. La película abre con Thor estrellándose contra la Tierra y conociendo a una científica interpretada por Natalie Portman. Cortamos a los títulos y un prologo nos cuenta la historia de los Dioses de Asgard con una voz en off. Después de ese momento llegamos a la coronación de Thor y no es hasta mas o menos la mitad de la película, que no volvemos al momento inicial en el que Thor es desterrado a la Tierra. Me pregunto si no hubiera sido mejor contar la historia cronológicamente, abriendo con el prólogo y continuando con la fallida coronación de Thor después de los títulos de crédito.

Como cualquier película palomitera, al factura visual es impresionante. El diseño de producción, sobre todo los diseños de Asgard, es de gran calidad. El vestuario es lo único que por momentos se pasa de barroco a veces, sobretodo con los cascos de determinados personajes, más propios de Saint Seiya. La fotografía ayuda a resaltar las características de los decorados y los estados de ánimos de los personajes, evitando en la medida de los posibles los encuadres horizontales.

Thor es una película entretenida, es Hamlet con superpoderes y viajes interplanetarios pero aun así, me siento un poco decepcionado. Los diálogos son excesivamente clichés y la verdad es que no se ve frescura por ninguna parte. Branagh no se deja ver en la película.



lunes, 25 de abril de 2011

Laura (1944)

Laura, una película de cine negro producida y dirigida por el austro-húngaro Otto Preminger, bien podría intercambiar su título con Ese oscuro objeto del deseo de Luis Buñuel. Más aún que en el film de Buñuel, el papel principal femenino encarnado por Gene Tierney es el objeto del deseo del intelectual Lydecker Waldo, del playboy Shelby Carpenter y del detective Mark McPherson. Sin embargo, a diferencia del personaje interpretado por Carole Bouquet y Ángela Molina en la película de Buñuel, Laura es una mujer bondadosa, lo suficientemente independiente como para tomar sus propias decisiones, pero sin ningún deseo de hacer daño alguno a los hombres que la rodean. Ella no es una mujer fatal, aunque en algún momento la narrativa nos guie a creer que a lo mejor lo es.



Curiosamente, al igual que en Sunset Boulevard de Billy Wilder, la película comienza con una narración de los hechos por un personaje que, al final de la película, estará muerto (Waldo Lydecker). Laura ha sido asesinada y el detective McPherson está tratando de averiguar quién la mató. Los sospechosos principales son dos "pretendientes" de Laura: Lydecker  (cuya obsesión con Laura es más estética que sexual, ya que se da a entender que él es homosexual) y Carpenter. Ambos tienen un motivo para cometer el asesinato, el primero por celos y el segundo, por razones económicas, pero es evidente a lo largo de la película que sólo uno de ellos tiene la sangre fría para hacerlo. Mientras lleva a cabo la investigación del caso,  McPherson observa una y otra vez un retrato magnífico de Laura y se enamora de ella. En mi opinión, esto representa el único defecto importante de la película porque es difícil creer que un detective duro como McPherson pueda caer locamente enamorado de una muerta en cuestión no de días, sino de horas.

Sin embargo, la mayoría de las películas requieren alguna suspensión de la incredulidad, y nadie debería dejar que eso le impida disfrutar de esta gran película. Las actuaciones son de primera categoría: Gene Tierney es realmente adorable y misteriosa como Laura, pero para mí sus homólogos masculinos son los que aportan calidad al más alto nivel, especialmente Vincent Price y Clifton Webb. El aspecto y la suave voz de Price nos convencen en un instante de que, a pesar de no ser el más listo de la clase, es todo un seductor. Por otra parte, el Lydecker de Webb es uno de mis villanos favoritos. Su arrogancia y elocuencia son de lo más entretenido.

La dirección de fotografía es excelente. La iluminación es lo que se espera de cualquier película de cine negro, pero los movimientos de cámara y los encuadres son verdaderamente notables. Añaden valor a la narración (por ejemplo, en un travelin de Dana Andrews que se acerca y se aleja del personaje justamente cuando nos enteramos de que Laura en realidad está viva). No es ninguna sorpresa que recibiera el Oscar a la mejor dirección de fotografía. La película recibió cuatro nominaciones más (Mejor Actor Secundario por Clifton Webb, Mejor Dirección de Arte: Blanco y Negro, Mejor Director y Mejor Guión) y se ha convertido en un clásico del género.

domingo, 2 de enero de 2011

Inside Deep Throat (Dentro de garganta profunda) (2005)

El día que HBO haga un documental que no sea por lo menos interesante, ya sea por su contenido o por su buena factura, me replantearé seguir en esta querida industria audiovisual. En este caso, Inside Deep Throat reúne ambos elementos. La industria del porno siempre ha sido de gran interés para el que aquí escribe por aquello de ser un género casi clandestino que mucha gente consume pero del que no se habla.



Este documental, dirigido por Fenton Bailey y Randy Barbato habla un poco de la génesis de la película porno más conocida y se explaya más en las consecuencias que dicha producción tuvo en sus creadores y en la sociedad americana (aunque se puede extender a la sociedad occidental en su conjunto). Deep Throat, que dio origen al sobrenombre con el que se conoció al informante del caso Watergate, tuvo precisamente en Nixon y en los Republicanos fundamentalistas a su mayor enemigo. Es curioso que lo único que salvó a Harry Reems, su actor principal, de ir a la cárcel fue justamente el caso Watergate y la llegada de los Demócratas al poder. 

El documental, realizado con un montaje rítmico y entretenido, es también ético, ya que entrevista a ambos lados del conflicto. A los creadores, y a aquellos que los perseguían, y lo hace sin caricaturizar a ninguno de los dos lados. Esto, que parece una obviedad, se ha perdido no ya solo en los documentales de hoy en día, sino en los reportajes, supuestamente periodísticos, que pueblan la pestilente programación de no ficción de hoy en día (decir que la televisión en general es basura cuando se producen joyas como Boardwalk Empire es decir una mentira). 

Una de las conclusiones a las que llega el documental es que, con la llegada del VHS y con el panorama legal que dificultaba la distribución en salas, se disparó la producción de contenido pornográfico. La lástima para los directores de cine porno de los setenta, es que la calidad narrativa y técnica de dichos productos empobreció. Lo que muy poca gente sabe reconocer es que dicho empobrecimiento no lo ha sufrido solo el porno, sino que también lo ha sufrido la televisión generalista y si me apuran, podemos decir que hasta el cine. Este paso del porno narrativo y si me apuran, artístico, al porno de estética amateur es el mismo que la televisión ha sufrido al convertirse en telebasura. Es lo que el comunicólogo Gerard Imbert ha dado en llamar el paso de la televisión espectacular a la televisión especular. El consumidor de porno medio ya no quiere ver a seres con aspecto de dios copular, sino que quiere ver una relación sexual mucho menos glamurosa. A todo esto tenemos que sumar la disminución de la atención que cada espectador está dispuesto a darle a un video porno. Garganta profunda tenía una duración superior a una hora y... la gente no suele consumir porno durante tanto tiempo.

Aún así, me parece importante destacar que se siguen creando piezas pornográficas con aspiraciones narrativas y artísticas, como por ejemplo Pirates, dirigido por Joone. Desde mi punto de vista, lo que falla del llamado reality porn, es lo mismo que falla de la supuesta reality tv (telebasura, para entendernos): es deshonesto. Pretende vendernos como realidad algo que es totalmente falso. En cambio, creo que si el porno llega alguna vez a captar la realidad desde el lenguaje de la no ficción, se podrán conseguir productos valiosos y que consigan su función principal, que no es otra que estimular. Una de las aproximaciones más honestas que he visto es la serie checa Swingersakce, que graba a unos swingers en sus fiestas. Los protagonistas de la fiestas son personas de todas las edades y aspectos. Se ven gatillazos, discusiones de parejas, celos, rechazos, personas vergonzosas que se tapan la cara o se ponen una máscara, etc. La lástima es que no hablo checo y no sé descifrar si de verdad estamos viendo a swingers reales o estamos viendo a actores.

domingo, 26 de diciembre de 2010

La hermosa y oscura fantasía de Kanye West... o cómo crear una obra maestra

Lo primero es lo primero. ¡Feliz Navidad! Espero que las vacaciones y los reencuentros familiares os hayan proporcionado mucha felicidad. Esta entrada es especial por ser la primera que le dedico a un disco. No es que vaya a diversificar el mercado, sino que dicho disco viene acompañado de un mediometraje de 34 minutos que puede pasar a convertirse en una pieza de culto. Dicho cortometraje sirve de videoclip para un disco, pero la verdad es que me parece que la verdadera obra de arte es el cortometraje y el álbum parece una simple excusa para justificar la producción.


Estoy hablando de Runaway, filme dirigido por el rapero (ese término se le queda pequeño así que a partir de ahora me referiré a él como artista) Kanye West, que sirve como carta de presentación de su disco My Beautiful Dark Twisted Fantasy. Dicho corto cuenta la historia de una fénix que llega a la tierra y se enamora de Kanye West. Cuando la Fénix se da cuenta de que los humanos no la aceptan decide prenderse fuego y desaparecer. Esta historia, que es simple y absurda, no es más que una alegoría sobre el estado mental en el que se encontraba Kanye y un discurso sobre la ontología del proceso creativo. Vean el corto aquí. A continuación lo analizaré.


El corto comienza con Kanye West corriendo, no sabemos a donde. Flashback. Vemos una bola de fuego cayendo del cielo. La bola se choca con Kanye, que va conduciendo y le destruye el coche. La bola de fuego no es otra cosa que una mujer con plumas semidesnuda. Es la musa, la inspiración, que le llega al artista en el momento menos esperado (las musas no pueden ser convocadas con una simple llamada a gusto del consumidor como si fueran repartidores de pizza). Es más, como toda musa que se precie, llega en un momento y en unas circunstancias totalmente inadecuadas, haciendo que el artista tenga que desprenderse de algún bien material. En este caso, es el coche.


Kanye lleva a la mujer a casa. Ella se despierta y empieza a ver las noticias en la televisión. Kanye apaga la televisión y le dice que no se crea nada, en lo que se puede ver como una crítica del tratamiento que el propio Kanye recibe de los medios. Suena la canción "Gorgeous" que habla del deseo, mientras la extraña mujer se familiariza con la nueva realidad y el artista la observa con lujuria y respeto.

Corte a un plano detalle de Kanye tocando una caja de ritmos. Suena Power y la extraña mujer baila al son de la música. El artista está aprendiendo a dominar a la musa. Kanye tiene el poder y decide enseñarle al extraño ser las bellezas del mundo. Le enseña las luces mientras suena All of the lights y de paso le hace un homenaje a Michael Jackson (Thriller es claramente una referencia en esta pieza).

De aquí vamos a una escena en la que la mujer con plumas intenta aprender las normas de comportamiento. De ahí vamos a una cena en la que Kanye y la musa entran como pareja. Suena Devil in a new dress, que resume la escena. Todos los comensales son negros, los sirvientes son blancos, pero aun así, los negros, que antes han sido juzgados como inferiores por su aspecto, perpetúan la maldad y discriminan a la musa. El mismo diablo, pero vestido de otra manera.

Termina la música y un comensal hace un comentario que molesta al artista. Kanye se levanta e interpreta Runaway, canción que da nombre al cortometraje y que puede considerarse la primera obra de arte que nace de la unión entre el artista y la musa. Runaway es ante todo, una canción que habla de amor y del conflicto entre la personalidad de uno mismo y la personalidad del ser amado, muchas veces amplificado por la sociedad ("let's have a toast for the douchebags..." dice la canción). La musa ha ayudado a Kanye a expresar sus sentimientos más honestos de la manera más estética.

El artista termina su interpretación y la comida continua con el plato principal: pavo. La musa, mitad mujer, mitad pájaro sufre un ataque de histeria. Suena Hell of a life, canción que habla de como un artista puede perder el norte y darse a la mala vida. Cuando parece que uno ha controlado a la musa, esta se vuelve loca y amenaza con el abandono.

Volvemos a la residencia del artista. Suena Game Blame mientras el artista intenta reconciliarse con una musa deprimida.  Termina la música y asistimos al dialogo más largo de todo el corto y que esconde la que para mi es la clave de todo. La musa, que se revela como un fénix, dice que las estatuas de nuestro mundo (el arte) no son más que fénix que dejaron de prender fuego. En mi opinión, el artista intenta controlar a la musa (el fénix) y al hacerlo la convierte en un objeto inerte para que los humanos lo puedan contemplar. El fénix le dice al artista que si no vuelve a incendiarse, se convertirá en una estatua. Por supuesto, el artista se niega a perder a su musa y desesperadamente, le hace el amor mientras suena Lost in the world. Después de la consumación del acto sexual, el fénix abandona a Kanye y se prende fuego mientras surca los cielos. Cuando la musa le abandona, el artista se siente sin lugar en el mundo. Kanye corre buscando a la musa. Volvemos al principio del corto. El fenix desaparece y el corto finaliza.

Con este corto, Kanye a dado forma a una expresión estética nunca antes conseguida desde el hip hop o el pop. Ha trascendido el género y ha creado una obra de arte integral. Es para mi, el disco de hip hop (expresión musical en pleno declive practicamente desde que West debutara con el también genial College Dropout) con mas valía artística desde The Misseducation of Lauryn Hill.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Zeitgeist the Movie (2007)

Lo reconozco, me encantan las conspiraciones. Me parecen uno de los motivos narrativos más interesantes que un contador de historias puede usar y parece que no soy el único que piensa así. Héroes, Prison Break, The Event, etc. La lista de productos audiovisuales cuya principal trama es desenmascarar una conspiración es interminable, y me aventuro a pensar que esos productos son mas comunes ahora que hace 10 años. ¿Por qué? Puede ser que por la misma razón por la que proliferan los documentales que intentan hacernos ver la verdad: todo indica que, efectivamente, aquellos que están en el poder están conspirando contra los intereses del hombre de a pie. En una era caracterizada por el caudaloso flujo de información y por la inestabilidad política y económica, el ser humano quiere rebelarse y reafirmarse como ser independiente.



Zeitgeist es uno de estos documentales casi paranoicos que tanto proliferan en estos días. La teoría es la siguiente: La reserva federal Americana está detrás de la implicación de Estados Unidos en las principales guerras y el 11-S no es otra cosa que una artimaña organizada por el propio Gobierno de Bush para justificar la guerra de Irak y así llenarse más los bolsillos. Este no es el primer documental que veo con esta premisa. Los datos se presentan con más o menos claridad y lógica y sin embargo, no me lo termino de creer. ¿Por qué? Se me ocurren muchas cosas: La primera es que, como cineasta, sé que el fundamento que sustenta la narración audiovisual es la mentira. Mediante un simple montaje de imágenes podemos deformar la realidad a nuestro gusto y Zeitgeist no es el tipo de documental que intenta ocultar sus artificios y mecanismos. La otra razón puede ser que este documental no es más que una sucesión de imágenes de archivo con una voz en off. La voz en off es el elemento audiovisual más autoritario, dictatorial y reaccionario. La voz en off te dice lo que tienes que interpretar, en vez de dejar que el espectador pueda llegar a sus conclusiones mediante las imágenes y los testimonios de los entrevistados. ¿Qué queréis que os diga? No puedes denunciar unos hechos (el lavado de cerebro que nos aplican los medios de comunicación) utilizando los mismos medios que los supuestos criminales.

La última razón (y la principal) por la cual no termino de creerme este documental es la que más me preocupa: el escepticismo. Por el simple hecho de contarme unos hechos que demolerían el edificio de instituciones en las que uno quiere tener fe, rechazo el discurso. Ante las pruebas (no todo lo bien presentadas que podrían) que se presentan ante mí, yo pienso “si esto fuera verdad, todo el mundo lo sabría” o “con Internet y las redes sociales, no hay manera de que no se haya desenmascarado todo este asunto”. Como veis, estos argumentos son justo lo que los tiranos conspiradores querrían que todos pensáramos, así que me pregunto si no será verdad que todo es una mentira y que los banqueros ordenan el asesinato de miles de personas para enriquecerse más. No es tan descabellado, la verdad.

Este documental, dividido en tres partes empieza con una parte sobre el origen de las religiones Judeo-Cristianas que comparto al 100%. La religión no es más que un mecanismo de control y predicción que los humanos desarrollaron cuando no tenían los medios para desarrollar la ciencia. Lo que no termino de entender es como relaciona esto con el 11-S, sobretodo cuando en esta parte del documental no hace ninguna alusión al Islam. Parece una parte metida con calzador, un mezclar el tocino con la velocidad, y curiosamente, es la parte más destacable del documental.

Lo que más me molesta sobre este documental es que se contradice a sí mismo. Un momento te dice que los conspiradores se inventan enemigos para controlarnos, que nos aplican el “divide y vencerás”, pero luego nos dice que la gran meta de los “hombres detrás de la cortina” es crear un gobierno mundial hegemónico. ¿Así que nos dividen para unirnos? Y otra pregunta que me pregunto es la siguiente: ¿Si el 11-S y las bombas de Londres fueron organizados por los propios gobiernos, quién organizó el 11-M? Es muy curioso que no se mencione por ninguna parte el 11-M pero que, no obstante, se usen sus imágenes cuando se habla del atentado en Londres. Esto es sospechoso cuanto menos. A pesar de todo lo mencionado, recomiendo el visionado del documental, primero porque es gratis en su Web: http://www.zeitgeistthefilm.com/ y segundo porque hace mucho que pensar. Eso sí, visiónenlo con una mirada crítica.



domingo, 5 de diciembre de 2010

Ultimátum a la Tierra (1951)

Cuando hablamos de Ultimátum a la Tierra, hablamos de una de las películas de ciencia ficción más influyentes de la historia del cine, y definitivamente una de las que mejor ha envejecido desde la década de los 50. No es que haya envejecido bien (los efectos visuales y el diseño de producción no es realista en comparación a las películas actuales), pero el gran pulso del director Robert Wise permite que el espectador de hoy en día, acostumbrado al hiperrealismo en los efectos visuales, pueda seguir la historia con deleite. Las comparaciones son odiosas, pero el remake de 2008, con un diseño de producción y efectos visuales excelente es una de las peores películas que he visto en un cine y, por supuesto, es de muchísima menos calidad que la original.



En Ultimátum a la Tierra, el mundo se ve sorprendido por la llegada de un platillo volante en el que viajan Klaatu, un extraterrestre con apariencia humana y Gort, un robot gigante cuyos poderes pueden derrotar a todo un ejército. Klaatu, el cual ha sido herido por el ejército, quiere hablar con todos los líderes del planeta para informarles de una inminente amenaza. Sin embargo, el tenso ambiente político (no olvidemos que nos encontramos en plena Guerra Fría) imposibilita dicha reunión, así que Klaatu decide escaparse del hospital y conocer como somos los humanos antes de tomar una decisión.

El largometraje de Wise refleja de manera excepcional la crispación de la sociedad americana de los cincuenta. Tenemos a una familia desestructurada por el fallecimiento del padre en la Segunda Guerra Mundial y un enemigo extraterrestre que es una alegoría hacia la amenaza roja. Es más, uno de los personajes insinúa explícitamente que Klaatu no es un extraterrestre, sino nada más ni nada menos que un ruso.

Ultimátum a la Tierra es una de esas películas que dan la razón a todos aquellos que odian a los remakes. Se prueba, con esta producción que, para tener una buena película, no solo hay que tener una buena trama, sino que es la figura del director la que aporta ese valor añadido. El guión del remake de Ultimátum a la Tierra es muy parecido al original, con los pertinentes cambios para situar la historia en nuestra década, y sin embargo, el producto final, con potencial para ser una obra maestra, no es más que un refrito. A aquellos que habéis visto ambas obras os pregunto: ¿En qué falló Scott Derrickson a la hora de dirigir el remake? 

lunes, 29 de noviembre de 2010

The Event (2010)

Esta serie ha sido catalogada como la sucesora de Perdidos, serie que ha marcado un antes y un después en cuanto al impacto mediático que una serie puede crear. Desde mi nunca humilde opinión, creo que la comparación entre ambas series es muy injusta para Perdidos. Tras ver los 9 capítulos que hasta la fecha se han emitido puedo decir que The Event será una serie que empezó con buenos números pero más cercana a Héroes que a otra serie. De hecho, The Event parece que puede repetir la caída en picado de Héroes, solo que a diferencia de esta, no lo hará en cuatro temporadas, sino en dos.



Recuerdo que todos los capítulos de la primera temporada de Héroes fueron una gozada, unos capítulos producidos a un altísimo nivel. No fue hasta la segunda temporada cuando los guionistas y productores comenzaron a perder el rumbo hasta convertir a Héroes en una de las series más tristes de la historia por lo que pudo ser y no fue. The Event es parecida. Después de dos capítulos maravillosos, con una narrativa fragmentada sustentada en el flashback, la serie ha pegado un bajón espectacular. De los 12 millones de espectadores que tuvo su piloto ha bajado a unos meros 5 millones en el capítulo nueve.

¿Pero cuál es el evento en el que se centra esta serie? El evento no es otro que un intento de asesinato al Presidente de los Estados Unidos, un descendiente de exiliados cubanos que guarda muchas similitudes con Barack Obama. ¿Quién lo quiere asesinar? No queda claro todavía, lo que si se sabe es el por qué. El presidente Elías Martínez iba a hacer pública la existencia de un complejo carcelario en Alaska donde han retenido a un misterioso grupo durante 60 años. El asesinato del presidente se iba a realizar con un método tan "sutil" como es estrellar un avión contra el lugar donde iba a hacer el anuncio. Afortunadamente, el avión se teletransporta miles de kilómetros y se estrella en Arizona. En ese avión iba Sean Walker, el otro protagonista, un informático que, sin quererlo ni beberlo, se ve envuelto en la conspiración.

Como veis, la trama tiene su potencial. Sinceramente creo que el creador Nick Wauters no ha sabido encauzar bien tanto potencial y lo ha diluido con subtramas que carecen de interés. La subtrama más innecesaria es la de Sean Walker y su novia Leila, sobretodo porque los actores (Jason Ritter y Sarah Roemer) no dan la talla. Siendo benévolo, lo mejor que puedo decir sobre ellos es que su interpretación no tiene nada que envidiar a las mejores estrellas de tu telenovela colombiana favorita. Muchos críticos de televisión se quejan de que la historia se centre en tantos personajes, haciendo que la trama sea difícil de seguir. Yo propongo que Sean y Leila mueran y así por lo menos no tendré que reprimir los deseos de cambiar de canal cada vez que aparecen en la pantalla.

Tal y como están las cosas, dudo mucho que The Event sea renovada para una segunda temporada. Es toda una pena, porque la parrilla televisiva generalista necesita un thriller con elementos de ciencia ficción como el comer después de el vacío que han dejado series como Perdidos, Héroes o Prison break. A estas alturas, ya ha quedado claro que The Event no es lo que los frikis buscamos.


domingo, 14 de noviembre de 2010

AFI Fest 2010

El festival de prestigio internacional que cubrimos este año 2010 es AFI Fest, el festival más importante de Los Angeles, celebrado en el mítico Teatro Chino Grauman, al lado del Kodak Theater. Lo más destacado de AFI Fest es que todas las entradas son gratis. El palmarés de este año es el siguiente: 

World Cinema: Boy de Taika Waititi
New Auteurs: Bedevilled the Cheol-soo Jang
Young Americans: Littlerock de Mike Ott
Breakthrough: Hamill de Oren Kaplan
Cortometraje de Imagen Real: Quadrangle de Amy Grappell
Cortometraje de Animación: Marcel The Shell with Shoes On
Menciones Especiales: Photograph of Jesus de Laurie Hill y The High Level Bridge de Trevor Anderson



The Housemaid (2010)

Este remake de la película de 1960 del mismo título, uno de los largometrajes favoritos de Scorsese, ha sido toda una sorpresa para mí. Se estrenó en Corea del Sur (país de procedencia de la producción) en Junio, cuando todavía vivía ahí. A pesar de ser una de las dos películas coreanas que participaron en Cannes este año, el trailer de la película no me sedujo. 5 meses después, al otro lado del Pacífico, la nostalgia hizo que me decidiera a ver la película de Im Sang-soo. ¡Bendita nostalgia!

The Housemaid es un relato de lucha de clases maniqueo (como el concepto de lucha de clases en sí) en el que una atractiva sirvienta (buena interpretación de Jeon Do-Yeon) se enamora del señorito de la casa, el cual está casado, con una hija y esperando gemelos. El señorito, acostumbrado a tener todo lo que quiere, y atraído también hacia la sirvienta, la deja preñada sin pensárselo dos veces, convirtiendo a la muchacha en la diana de su mujer y su suegra.

La primera escena, muy cercana al estilo documental en el barrio seulita de Hongdae es maravillosa. A partir del momento Im Sang-soo toma el control de la producción, en un espacio genialmente diseñado y con unos movimientos de cámara y una iluminación exquisita. La única pega que le veo a la película es su maniqueísmo exacerbado. La clase alta descrita en la película está totalmente occidentalizada y carece de cualquier moral, mientras la clase trabajadora es más coreana y ética. Como alguien que ha vivido en Corea, entiendo que los trinomios clase alta=occidental=maldad y clase trabajadora=oriental=bondad no son resultados del azar, sino que responden al sentimiento de gran parte de la sociedad coreana. Por supuesto, estoy totalmente en contra de esta actitud tan cercana al racismo.



13 Assassins (2010)

En 2008 inicié una muy saludable tradición: acudir a un festival de cine de prestigio internacional al año, como mínimo. En 2008 fue el Festival Internacional de Estambul, en 2009 fue el Festival Internacional de Pusan y este año ha sido el AFI Fest. ¿Qué tienen estos tres festivales en común? Que proyectaban una película de Takashi Miike. En Estambul fue Sukiyaki Western Django, en Pusan fueron Yatterman y Crows II y en AFI Fest, 13 Assasins. Tal es la presencia de este director japonés en el circuito festivalero. Miike, un superhéroe hecho cineasta que es capaz de dirigir la friolera de 55 películas en 17 años. Lo mejor de todo es que de los 55 largometrajes, alguno puede pecar de tener un guión o un concepto flojo (a mucha gente le disgusta Yatterman), pero todas las películas del director nipón muestran virtuosismo y un diseño de producción admirable.

13 Assassins no es una excepción. Es posiblemente la mejor película de samuráis en imagen real desde que Ran de Akira Kurosawa (1985). La película es un remake de una película homónima de 1963 basada en un hecho real. En 1844, trece samuráis son contratados para asesinar al hermano del shogun, el cual es un sádico déspota protegido por 200 guerreros. Como podéis imaginar, esta película también puede ser un remake de 300 de Zack Snyder.

La película empieza con un ritmo pausado y con imágenes difíciles de ver: un harakiri, una mujer mutilada, etc. A medida que el relato se desarrolla, el ritmo se acelera y desemboca en un tercer acto maravilloso en el que 13 hombres derrotaran a 200. IMPRESCINDIBLE.


Some Days are Better than Others

Infumable película de Matt McCormick que sigue la fórmula indie a raja tabla: una fotografía muy cuidada, música a lo Explosions in the Sky, personajes neo-poperos sin éxito, y la ausencia de guionista. Esta es la típica mala película que te toca ver en cada festival. Lo único interesante es que se rodó en Portland, una ciudad que no suele aparecer en los productos audiovisuales.


Quadrangle

Este corto se llevó el premio del público al mejor corto en imagen real. Quadrangle es un documental que parece un falso documental. ¿Por qué? Por lo esperpéntico de la situación que describe: un matrimonio divorciado habla, en una pantalla partida en dos, de cómo en los setenta empezaron a vivir en cuarteto con otra pareja hasta que finalmente las parejas originales se divorciaron para casarse con el miembro del otro sexo de la otra pareja. Vamos, un intercambio de pareja permanente. Lo curioso del caso es que la directora del documental, Amy Grappell, ¡es la hija del matrimonio entrevistado! Este corto no es una obra maestra, para nada, y mucho sospecho que el premio se lo ha ganado la morbosidad del contenido, más que su calidad.

Hamill

Este biopic ganó el premio del público en la sección Breakthrough. El director Oren Kaplan nos cuenta la historia de Matt “El Martillo” Hamill, un luchador de UFC sordo. Lejos de centrarse en la carrera profesional de Hamill, la película nos relata su juventud en un pequeño pueblo de Ohio, terminando en el primer campeonato nacional universitario de lucha greco-romana que Hamill ganó representando a Rochester Institute of Technology.

Casi todos los diálogos son en lenguaje de signos y, sorprendentemente, funciona muy bien. Los actores contrarrestan sus sordera con mucha expresividad. El largometraje no es una obra maestra, pero su carácter de auto superación ha conectado con el público americano, muy receptivo a este tipo de narrativas. Hamill todavía no tiene un acuerdo de distribución, pero seguramente obtenga uno ahora con el respaldo de este premio, más teniendo en cuenta que es un biopic de una celebridad. Aún así, no le veo futuro en el mercado internacional, ya que ni el UFC ni la lucha greco-romana son deportes que se practiquen en el resto del mundo.

domingo, 24 de octubre de 2010

Algo para recordar (1993)

Al ver esta comedia romántica (una de las demasiadas que se hicieron con Meg Ryan como protagonista) no puedo evitar alegrarme. De alguna manera, las sensibilidades se han endurecido, hemos avanzado intelectualmente o simplemente hemos cambiado de gustos. Lo que está claro es que una película como Algo para recordar, dirigida por Nora Ephron (experta donde las haya del género), resultaría excesivamente ingenua o simplemente estúpida para el espectador medio de hoy en día. La comedia made in la factoría Apatow de hoy en día es denostada por muchos, pero me parece un subgénero cómico de muchísima más calidad que la comedia para mujeres de los noventa. Este género no ha desaparecido (ni estoy abogando por su extinción) pero es cierto que su presencia en las salas ha disminuido y el nivel de ñoñez se ha visto drásticamente reducido.



La disparatada línea argumental de esta película es la siguiente: Sam (interpretado por Tom Hanks) es un joven viudo de Seattle que vive con su hijo de ocho años. El día de Nochebuena, su hijo llama a un programa de radio y mete a su padre en una encerrona en la que Sam tiene que verbalizar su soledad ante todos los oyentes del país. Las mujeres americanas, que por lo que parece en esta película, se estimulan más auditiva que visualmente (lo pongo en duda…), asaltan el domicilio de Sam con misivas para poder conocer en persona al nuevo hombre de sus sueños. Aunque Sam ignora todas las cartas y empieza una relación con una mujer de su ciudad, su hijo se obsesiona con una candidata de Baltimore.

Dicha candidata no es otra que Meg Ryan, una periodista que está comprometida con un hombre al que no ama. Algún lector se estará preguntando cómo se puede contar una comedia romántica sobre dos personas separadas por miles de kilómetros cuando no había Internet (ni mucho menos Facebook o Skype). El caso es que, por muy descabellado que parezca, no solo se cuenta la historia, sino que los dos protagonistas son felices y comen perdices al final del metraje.

Lo curioso de todo esto es que, a pesar del vómito que se asoma por la tráquea durante todo el filme, Algo para recordar se deja ver. Tom Hanks es un magnifico actor y su presencia en pantalla se agradece. Además la película está cargada de referencias cinéfilas y por momentos se autoparodia a sí misma. Por desgracia, durante casi todo el metraje la directora se toma en serio la ilógica trama. Otro de los motivos por los que esta película es interesante, es por el acertado uso del grafismo para contar la historia. El mapa de los Estados Unidos es empleado varias veces para describir la distancia entre los protagonistas y también para simbolizar sus viajes.

A pesar de estas características, la película es muy prescindible. Si cae en vuestras manos y decidís verla hasta el final, puede que os quedéis con la sensación de haber perdido el tiempo. Eso sí, si ves esta película en pareja, te aseguro que habrá valido la pena.


domingo, 10 de octubre de 2010

Boardwalk Empire (2010)

Los Soprano es una de las mejores series de televisión de la historia (si no la mejor). Terence Winter es uno de los guionistas de dicha serie. Martin Scorsese es uno de los mejores directores de las últimas tres décadas (si no el mejor). Steve Buscemi era uno de los actores de Los Soprano. Con un razonamiento lógico podemos deducir que si juntamos a Winter, a Scorsese y a Buscemi en un proyecto, conseguiremos uno de los mejores productos audiovisuales que se recuerden. ¡Bendita lógica! A veces, dos más dos son cuatro. Y en este caso para HBO, esta suma va a traducirse en millones de dólares de ganancia, tweets favorables y críticas benevolentes como la nuestra.


Después de Los Soprano, muchos necesitábamos una buena serie de gangsters situados en Nueva Jersey. Se puede hablar de Boardwalk Empire como la descendiente directa de Los Soprano, pero diegéticamente estamos hablando más del abuelo de Los Soprano. La historia se sitúa en Atlantic City en el año 1920, justo la noche en la que la Ley Volstead se aprueba y el alcohol se ilegaliza. En ese momento, Nucky Thompson, tesorero de la ciudad (inspirado en el personaje real Nucky Johnson), pone en marcha toda una plataforma de contrabando de alcohol para asegurar que su ciudad no pierda la vitalidad que la caracteriza (Atlantic City es Las Vegas de la Costa Este) y que sus bolsillos sigan tan llenos como hasta ahora. Es en esta época en la que Nucky tendrá que lidiar con nuevas estrellas del juego como Al Capone. A parte de protegerse del resto de mafiosos que luchan por el control del alcohol, Nucky tendrá que jugar una dura partida de ajedrez con el Agente Van Alden, un fanático religioso de la brigada Anti-Droga del FBI.

Como veis la premisa es inmejorable: alcohol, violencia, Jazz, sombreros, damas, caballeros, corrupción y talento. El piloto fue dirigido por Martin Scorsese (el cual también es Productor Ejecutivo, junto con Terence Winter y Tim Van Paten, los cuales ya coincidieron en la creación de las aventuras de nuestro amigo Tony) y está a la altura de sus películas más importantes. Sin lugar a dudas, se puede poner al piloto en el selecto grupo que conformarían películas como Uno de los nuestros, Casino, o Infiltrados. Mi gran pregunta, después de visionar el piloto, era saber si los sucesivos capítulos estarían a la altura. La sorprendente respuesta a esta pregunta es que, no solo están a la altura, sino que tanto el capítulo dos y tres, cortesía de Van Paten, ¡son mejores que el piloto!

Los personajes de Boardwalk muestran una dureza impresionante que parece provenir del turbio pasado en la Primera Guerra mundial de cada uno de ellos. Este aspecto es quizás el menos convencional de la serie, ya que formalmente la serie respeta el lenguaje clásico. Esto demuestra mi teoría de que cuando hay una buena historia no hay que recurrir a artificios narrativos como extraños saltos en el tiempo o encuadres extraños. Es más, si tuviera que destacar un aspecto de esta serie que por ahora roza la matrícula de honor, este tendría que ser la música de la cabecera, que es un blues que no pega ni con cola que parece metido con calzador por nuestro querido Marty.


lunes, 4 de octubre de 2010

Déjame entrar (Let me in) (2010)

Amigos freakies del Mundo Mundial. Estamos de enhorabuena. La Hammer, aquella mágica productora británica que redefinió (y bautizó) el género del terror, ha vuelto. A mediado de los ochenta, la productora dejó de producir. Después de cambiar de manos varias veces, finalmente un grupo de inversores se decidió a relanzarla hace dos años, y como primer proyecto han elegido este remake de la muy exitosa película sueca Déjame entrar. Si este remake supera el original o no, no lo puedo decir pues no he visto la producción sueca. A tenor de los comentarios, Déjame entrar (Let Me In), sin ser una mala película (¡ni mucho menos!), no es tan buena como el largometraje en el que se basa. Aún así, esta obra es el primer estreno de la Hammer en casi 30 años y eso ya es motivo más que suficiente para que nos alegremos.



Owen es un chaval de 12 años que está en el punto de mira de los matones de su colegio. Sus padres se están divorciando y la auto confianza del joven está muy debilitada como para poder oponer cualquier tipo de resistencia. No obstante, su vida cambia cuando una nueva y misteriosa vecina. Abby, que así se llama la chiquilla (interpretada por la nueva estrella infantil del momento, Chloe Moretz), tiene una extraña aversión al sol, no siente frío, posee fuerza sobrenatural y bebe abundantes cantidades de sangre. Efectivamente, es una vampiresa. Como en toda historia de vampiros de calidad, el ser sobrenatural se enamora, pero en este caso tenemos una historia de amor preadolescente (excepcionalmente descrita por la cámara del director Matt Reeves).

Uno de los puntos a destacar de esta producción es el uso de la cámara y del fuera de campo. Reeves ha tomado nota de los maestros de la tensión y consigue ponernos los pelos de punta enseñándonos muy poco. Especialmente memorable es un accidente de circulación que se muestra en un solo plano (¿secuencia?) desde el interior del coche. Para mi es uno de los mejores planos que he visto en muchísimo tiempo. Otra convención con la que el director rompe sabiamente es con el mecanismo mirada-objeto mirado. Muchas veces veremos como reacciona el personaje sin saber ante lo que está reaccionando, y la habilidad de Reeves para utilizar este recurso en su justa medida hace que el suspense no se convierta en irritación.

La película tiene un par de sustos, pero no es una película de terror de sustos. Es más bien una película con un ritmo pausado que recuerda a Thirst de Chanwook Park. El ritmo pausado, el objetivo centrado en el espacio vacío y la nieve (hay pocas combinaciones de color más sugerentes que el blanco de la nieve y el rojo de la sangre) hacen que el estado anímico del espectador bascule entre la calma y la tensión. Esta ruptura (solo en apariencia) de las convenciones del género de terror contrasta violentamente con la banda sonora, que exagera los modos de la partitura para largometraje de terror. Todo lo dicho anteriormente hace de Déjame entrar (Let Me In) una película cuyo visionado recomiendo, aunque supongo que muchos pensarán que es más recomendable el visionado de la película sueca en la que se basa.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Rojos

El otoño ha comenzado y se nota en las parrillas televisivas. Grandes series del verano como Entourage, nos han dejado hasta el año que viene, con los dientes largos por ver cómo termina la serie en los escasos 6 episodios que formarán la ultima temporada. Otras series que hemos comentado en este blog, como Glee y Smallville, ya han regresado para entretener a los televidentes hasta el verano que viene. Glee intentará asentarse y convertirse en un clásico de la cultura popular, y la verdad es que parece que va camino de ello. Por su parte, Smallville regresa con su décima y última temporada para intentar cerrar todas las tramas y contestar la pregunta que todos los freakies nos hacemos: "¿Veremos a Tom Welling con mallas y capa surcando los cielos?" La otra serie que aquí vamos a seguir es Boardwalk Empire, protagonizada por Steve Buscemi y que es la gran apuesta del año de HBO. El piloto ha sido dirigido por el sensacional Martin Scorsese y la verdad es que es una gozada. Tras ver el piloto creo que Los Soprano y The Wire tienen sucesor. Dejaré pasar unos cuantos episodios antes de publicar una reseña aquí.

Rojos (1981)

Rojos, dirigida por el actor Warren Beatty, es un biopic sobre el matrimonio formado por los periodistas John Reed y Louise Bryant (interpretada por Diane Keaton). Ambos fueron activistas comunistas y feministas a principios del siglo pasado. El extensísimo largometraje, de 200 minutos de duración, combina la entrevista documental (con personajes reales, aunque en un principio parezca que sea un falso documental) con la narrativa más convencional. John Reed es conocido por su crónica de la revolución bolchevique, Diez días que estremecieron al mundo, y la segunda parte del largometraje está casi totalmente situada en la Unión Soviética, convirtiendo a este filme en una especia de réplica épica a Doctor Zhivago. Comparando ambas obras, producidas en un lapso de tiempo de 16 años, diría que Rojos es ligeramente superior, aunque el filme de David Lean tenga un mensaje político con el que simpatizo más y una banda sonora magistral (este aspecto quizás sea lo más mejorable del largometraje de Beatty).



Comentar una obra con un talante político tan acentuado sin comentar la política en sí es muy difícil, así que ni siquiera voy a intentar censurarme (gran mentira, pues todo comunicador se autocensura de una manera u otra) para intentar agradar a todos los lectores. La primera parte de la película, situada en su mayoría en EE.UU. parece una parodia de los simpatizantes de la izquierda durante la Primera Guerra Mundial. Dicha sátira me parece que no ha envejecido, y que es totalmente aplicable a los rojillos de hoy en día. Al fin y al cabo, tanto John Reed como Louise Bryant provenían de familias muy adineradas y pretendían decirles a las clases trabajadoras lo que debían pensar y desear, sin ellos querer rebajar las prestaciones materiales de su vida. Así, la primera parte del largometraje discurre entre playas, chalés, apartamentos en el Greenwich Village de Manhattan. El alcohol, las drogas, el sexo sin compromiso y el seudo-arte de dudosa calidad fluían caudalosamente por la vida de estos modernillos de principios de siglo pasado. Como veis, en algunos aspectos, las cosas no han cambiado tanto. Antes incluso de que existieran los hippies y el Che Guevara hubiera nacido, ya había pijippies. Eso sí, a diferencia de hoy, dichos pijippies no tenían look de perroflauta, sino que vestían traje y corbata, y eso en sí ya los hace menos desagradables. Cerraré el comentario de esta primera parte con el testimonio de uno de los entrevistados en la película: “Todo aquel que pretende arreglar los problemas del mundo es que no tiene problemas propios”.

Al final de la primera parte de la película, John y Louise se van a Rusia a cubrir la Revolución Bolchevique. Ambos se convierten en autoridades literarias y el mundo escucha lo que ellos escriben. Es en esta parte donde Warren Beatty me hace un regate y me rompe la cintura, porque las hermosas imágenes facturadas por Vittorio Storaro (se llevó el Oscar a la mejor fotografía merecidamente) parecen transformarse en una oda a la Revolución Rusa. No obstante, si algo me queda claro de esta película, es que tanto John como Louise eran unos románticos que se estrellaron contra un sistema, como el comunismo, que es lo más antitético al Romanticismo que hay. Lo más curioso es que, esta parte del filme, que choca más con mis ideales políticos, me parece mejor que la primera parte. Hay que reconocerle a Beatty que, al utilizar dos puntos de vista, quizás haya logrado narrar la historia de la manera más neutral posible. Por otra parte, quizás todo esto lo esté construyendo yo en mi cabeza.

Con esta obra, Beatty se hizo con el Oscar a mejor director, y creo que gran culpa de ello tiene la diversidad formal del relato. Este es el único largometraje que yo haya visto que combine la ficción y la no ficción de esta manera. Insertar testimonios en la ficción es ya casi una técnica convencional, pero dichos testimonios son siempre ficticios, provenientes del falso documental. En este caso, los testimonios son reales y tampoco es que sigan o guíen los designios de la ficción del largometraje. Es casi como si estuviéramos viendo dos piezas sobre un mismo tema a la vez y fuéramos alternando de una a otra. Así, estamos viendo 3 películas en una (la ficción, fraccionada en dos partes bastante independientes la una de la otra, y la no ficción). Es por eso que la película es excesivamente larga para verla cansado, pero aún así me parece muy recomendable.