lunes, 29 de noviembre de 2010

The Event (2010)

Esta serie ha sido catalogada como la sucesora de Perdidos, serie que ha marcado un antes y un después en cuanto al impacto mediático que una serie puede crear. Desde mi nunca humilde opinión, creo que la comparación entre ambas series es muy injusta para Perdidos. Tras ver los 9 capítulos que hasta la fecha se han emitido puedo decir que The Event será una serie que empezó con buenos números pero más cercana a Héroes que a otra serie. De hecho, The Event parece que puede repetir la caída en picado de Héroes, solo que a diferencia de esta, no lo hará en cuatro temporadas, sino en dos.



Recuerdo que todos los capítulos de la primera temporada de Héroes fueron una gozada, unos capítulos producidos a un altísimo nivel. No fue hasta la segunda temporada cuando los guionistas y productores comenzaron a perder el rumbo hasta convertir a Héroes en una de las series más tristes de la historia por lo que pudo ser y no fue. The Event es parecida. Después de dos capítulos maravillosos, con una narrativa fragmentada sustentada en el flashback, la serie ha pegado un bajón espectacular. De los 12 millones de espectadores que tuvo su piloto ha bajado a unos meros 5 millones en el capítulo nueve.

¿Pero cuál es el evento en el que se centra esta serie? El evento no es otro que un intento de asesinato al Presidente de los Estados Unidos, un descendiente de exiliados cubanos que guarda muchas similitudes con Barack Obama. ¿Quién lo quiere asesinar? No queda claro todavía, lo que si se sabe es el por qué. El presidente Elías Martínez iba a hacer pública la existencia de un complejo carcelario en Alaska donde han retenido a un misterioso grupo durante 60 años. El asesinato del presidente se iba a realizar con un método tan "sutil" como es estrellar un avión contra el lugar donde iba a hacer el anuncio. Afortunadamente, el avión se teletransporta miles de kilómetros y se estrella en Arizona. En ese avión iba Sean Walker, el otro protagonista, un informático que, sin quererlo ni beberlo, se ve envuelto en la conspiración.

Como veis, la trama tiene su potencial. Sinceramente creo que el creador Nick Wauters no ha sabido encauzar bien tanto potencial y lo ha diluido con subtramas que carecen de interés. La subtrama más innecesaria es la de Sean Walker y su novia Leila, sobretodo porque los actores (Jason Ritter y Sarah Roemer) no dan la talla. Siendo benévolo, lo mejor que puedo decir sobre ellos es que su interpretación no tiene nada que envidiar a las mejores estrellas de tu telenovela colombiana favorita. Muchos críticos de televisión se quejan de que la historia se centre en tantos personajes, haciendo que la trama sea difícil de seguir. Yo propongo que Sean y Leila mueran y así por lo menos no tendré que reprimir los deseos de cambiar de canal cada vez que aparecen en la pantalla.

Tal y como están las cosas, dudo mucho que The Event sea renovada para una segunda temporada. Es toda una pena, porque la parrilla televisiva generalista necesita un thriller con elementos de ciencia ficción como el comer después de el vacío que han dejado series como Perdidos, Héroes o Prison break. A estas alturas, ya ha quedado claro que The Event no es lo que los frikis buscamos.


domingo, 14 de noviembre de 2010

AFI Fest 2010

El festival de prestigio internacional que cubrimos este año 2010 es AFI Fest, el festival más importante de Los Angeles, celebrado en el mítico Teatro Chino Grauman, al lado del Kodak Theater. Lo más destacado de AFI Fest es que todas las entradas son gratis. El palmarés de este año es el siguiente: 

World Cinema: Boy de Taika Waititi
New Auteurs: Bedevilled the Cheol-soo Jang
Young Americans: Littlerock de Mike Ott
Breakthrough: Hamill de Oren Kaplan
Cortometraje de Imagen Real: Quadrangle de Amy Grappell
Cortometraje de Animación: Marcel The Shell with Shoes On
Menciones Especiales: Photograph of Jesus de Laurie Hill y The High Level Bridge de Trevor Anderson



The Housemaid (2010)

Este remake de la película de 1960 del mismo título, uno de los largometrajes favoritos de Scorsese, ha sido toda una sorpresa para mí. Se estrenó en Corea del Sur (país de procedencia de la producción) en Junio, cuando todavía vivía ahí. A pesar de ser una de las dos películas coreanas que participaron en Cannes este año, el trailer de la película no me sedujo. 5 meses después, al otro lado del Pacífico, la nostalgia hizo que me decidiera a ver la película de Im Sang-soo. ¡Bendita nostalgia!

The Housemaid es un relato de lucha de clases maniqueo (como el concepto de lucha de clases en sí) en el que una atractiva sirvienta (buena interpretación de Jeon Do-Yeon) se enamora del señorito de la casa, el cual está casado, con una hija y esperando gemelos. El señorito, acostumbrado a tener todo lo que quiere, y atraído también hacia la sirvienta, la deja preñada sin pensárselo dos veces, convirtiendo a la muchacha en la diana de su mujer y su suegra.

La primera escena, muy cercana al estilo documental en el barrio seulita de Hongdae es maravillosa. A partir del momento Im Sang-soo toma el control de la producción, en un espacio genialmente diseñado y con unos movimientos de cámara y una iluminación exquisita. La única pega que le veo a la película es su maniqueísmo exacerbado. La clase alta descrita en la película está totalmente occidentalizada y carece de cualquier moral, mientras la clase trabajadora es más coreana y ética. Como alguien que ha vivido en Corea, entiendo que los trinomios clase alta=occidental=maldad y clase trabajadora=oriental=bondad no son resultados del azar, sino que responden al sentimiento de gran parte de la sociedad coreana. Por supuesto, estoy totalmente en contra de esta actitud tan cercana al racismo.



13 Assassins (2010)

En 2008 inicié una muy saludable tradición: acudir a un festival de cine de prestigio internacional al año, como mínimo. En 2008 fue el Festival Internacional de Estambul, en 2009 fue el Festival Internacional de Pusan y este año ha sido el AFI Fest. ¿Qué tienen estos tres festivales en común? Que proyectaban una película de Takashi Miike. En Estambul fue Sukiyaki Western Django, en Pusan fueron Yatterman y Crows II y en AFI Fest, 13 Assasins. Tal es la presencia de este director japonés en el circuito festivalero. Miike, un superhéroe hecho cineasta que es capaz de dirigir la friolera de 55 películas en 17 años. Lo mejor de todo es que de los 55 largometrajes, alguno puede pecar de tener un guión o un concepto flojo (a mucha gente le disgusta Yatterman), pero todas las películas del director nipón muestran virtuosismo y un diseño de producción admirable.

13 Assassins no es una excepción. Es posiblemente la mejor película de samuráis en imagen real desde que Ran de Akira Kurosawa (1985). La película es un remake de una película homónima de 1963 basada en un hecho real. En 1844, trece samuráis son contratados para asesinar al hermano del shogun, el cual es un sádico déspota protegido por 200 guerreros. Como podéis imaginar, esta película también puede ser un remake de 300 de Zack Snyder.

La película empieza con un ritmo pausado y con imágenes difíciles de ver: un harakiri, una mujer mutilada, etc. A medida que el relato se desarrolla, el ritmo se acelera y desemboca en un tercer acto maravilloso en el que 13 hombres derrotaran a 200. IMPRESCINDIBLE.


Some Days are Better than Others

Infumable película de Matt McCormick que sigue la fórmula indie a raja tabla: una fotografía muy cuidada, música a lo Explosions in the Sky, personajes neo-poperos sin éxito, y la ausencia de guionista. Esta es la típica mala película que te toca ver en cada festival. Lo único interesante es que se rodó en Portland, una ciudad que no suele aparecer en los productos audiovisuales.


Quadrangle

Este corto se llevó el premio del público al mejor corto en imagen real. Quadrangle es un documental que parece un falso documental. ¿Por qué? Por lo esperpéntico de la situación que describe: un matrimonio divorciado habla, en una pantalla partida en dos, de cómo en los setenta empezaron a vivir en cuarteto con otra pareja hasta que finalmente las parejas originales se divorciaron para casarse con el miembro del otro sexo de la otra pareja. Vamos, un intercambio de pareja permanente. Lo curioso del caso es que la directora del documental, Amy Grappell, ¡es la hija del matrimonio entrevistado! Este corto no es una obra maestra, para nada, y mucho sospecho que el premio se lo ha ganado la morbosidad del contenido, más que su calidad.

Hamill

Este biopic ganó el premio del público en la sección Breakthrough. El director Oren Kaplan nos cuenta la historia de Matt “El Martillo” Hamill, un luchador de UFC sordo. Lejos de centrarse en la carrera profesional de Hamill, la película nos relata su juventud en un pequeño pueblo de Ohio, terminando en el primer campeonato nacional universitario de lucha greco-romana que Hamill ganó representando a Rochester Institute of Technology.

Casi todos los diálogos son en lenguaje de signos y, sorprendentemente, funciona muy bien. Los actores contrarrestan sus sordera con mucha expresividad. El largometraje no es una obra maestra, pero su carácter de auto superación ha conectado con el público americano, muy receptivo a este tipo de narrativas. Hamill todavía no tiene un acuerdo de distribución, pero seguramente obtenga uno ahora con el respaldo de este premio, más teniendo en cuenta que es un biopic de una celebridad. Aún así, no le veo futuro en el mercado internacional, ya que ni el UFC ni la lucha greco-romana son deportes que se practiquen en el resto del mundo.

domingo, 24 de octubre de 2010

Algo para recordar (1993)

Al ver esta comedia romántica (una de las demasiadas que se hicieron con Meg Ryan como protagonista) no puedo evitar alegrarme. De alguna manera, las sensibilidades se han endurecido, hemos avanzado intelectualmente o simplemente hemos cambiado de gustos. Lo que está claro es que una película como Algo para recordar, dirigida por Nora Ephron (experta donde las haya del género), resultaría excesivamente ingenua o simplemente estúpida para el espectador medio de hoy en día. La comedia made in la factoría Apatow de hoy en día es denostada por muchos, pero me parece un subgénero cómico de muchísima más calidad que la comedia para mujeres de los noventa. Este género no ha desaparecido (ni estoy abogando por su extinción) pero es cierto que su presencia en las salas ha disminuido y el nivel de ñoñez se ha visto drásticamente reducido.



La disparatada línea argumental de esta película es la siguiente: Sam (interpretado por Tom Hanks) es un joven viudo de Seattle que vive con su hijo de ocho años. El día de Nochebuena, su hijo llama a un programa de radio y mete a su padre en una encerrona en la que Sam tiene que verbalizar su soledad ante todos los oyentes del país. Las mujeres americanas, que por lo que parece en esta película, se estimulan más auditiva que visualmente (lo pongo en duda…), asaltan el domicilio de Sam con misivas para poder conocer en persona al nuevo hombre de sus sueños. Aunque Sam ignora todas las cartas y empieza una relación con una mujer de su ciudad, su hijo se obsesiona con una candidata de Baltimore.

Dicha candidata no es otra que Meg Ryan, una periodista que está comprometida con un hombre al que no ama. Algún lector se estará preguntando cómo se puede contar una comedia romántica sobre dos personas separadas por miles de kilómetros cuando no había Internet (ni mucho menos Facebook o Skype). El caso es que, por muy descabellado que parezca, no solo se cuenta la historia, sino que los dos protagonistas son felices y comen perdices al final del metraje.

Lo curioso de todo esto es que, a pesar del vómito que se asoma por la tráquea durante todo el filme, Algo para recordar se deja ver. Tom Hanks es un magnifico actor y su presencia en pantalla se agradece. Además la película está cargada de referencias cinéfilas y por momentos se autoparodia a sí misma. Por desgracia, durante casi todo el metraje la directora se toma en serio la ilógica trama. Otro de los motivos por los que esta película es interesante, es por el acertado uso del grafismo para contar la historia. El mapa de los Estados Unidos es empleado varias veces para describir la distancia entre los protagonistas y también para simbolizar sus viajes.

A pesar de estas características, la película es muy prescindible. Si cae en vuestras manos y decidís verla hasta el final, puede que os quedéis con la sensación de haber perdido el tiempo. Eso sí, si ves esta película en pareja, te aseguro que habrá valido la pena.


domingo, 10 de octubre de 2010

Boardwalk Empire (2010)

Los Soprano es una de las mejores series de televisión de la historia (si no la mejor). Terence Winter es uno de los guionistas de dicha serie. Martin Scorsese es uno de los mejores directores de las últimas tres décadas (si no el mejor). Steve Buscemi era uno de los actores de Los Soprano. Con un razonamiento lógico podemos deducir que si juntamos a Winter, a Scorsese y a Buscemi en un proyecto, conseguiremos uno de los mejores productos audiovisuales que se recuerden. ¡Bendita lógica! A veces, dos más dos son cuatro. Y en este caso para HBO, esta suma va a traducirse en millones de dólares de ganancia, tweets favorables y críticas benevolentes como la nuestra.


Después de Los Soprano, muchos necesitábamos una buena serie de gangsters situados en Nueva Jersey. Se puede hablar de Boardwalk Empire como la descendiente directa de Los Soprano, pero diegéticamente estamos hablando más del abuelo de Los Soprano. La historia se sitúa en Atlantic City en el año 1920, justo la noche en la que la Ley Volstead se aprueba y el alcohol se ilegaliza. En ese momento, Nucky Thompson, tesorero de la ciudad (inspirado en el personaje real Nucky Johnson), pone en marcha toda una plataforma de contrabando de alcohol para asegurar que su ciudad no pierda la vitalidad que la caracteriza (Atlantic City es Las Vegas de la Costa Este) y que sus bolsillos sigan tan llenos como hasta ahora. Es en esta época en la que Nucky tendrá que lidiar con nuevas estrellas del juego como Al Capone. A parte de protegerse del resto de mafiosos que luchan por el control del alcohol, Nucky tendrá que jugar una dura partida de ajedrez con el Agente Van Alden, un fanático religioso de la brigada Anti-Droga del FBI.

Como veis la premisa es inmejorable: alcohol, violencia, Jazz, sombreros, damas, caballeros, corrupción y talento. El piloto fue dirigido por Martin Scorsese (el cual también es Productor Ejecutivo, junto con Terence Winter y Tim Van Paten, los cuales ya coincidieron en la creación de las aventuras de nuestro amigo Tony) y está a la altura de sus películas más importantes. Sin lugar a dudas, se puede poner al piloto en el selecto grupo que conformarían películas como Uno de los nuestros, Casino, o Infiltrados. Mi gran pregunta, después de visionar el piloto, era saber si los sucesivos capítulos estarían a la altura. La sorprendente respuesta a esta pregunta es que, no solo están a la altura, sino que tanto el capítulo dos y tres, cortesía de Van Paten, ¡son mejores que el piloto!

Los personajes de Boardwalk muestran una dureza impresionante que parece provenir del turbio pasado en la Primera Guerra mundial de cada uno de ellos. Este aspecto es quizás el menos convencional de la serie, ya que formalmente la serie respeta el lenguaje clásico. Esto demuestra mi teoría de que cuando hay una buena historia no hay que recurrir a artificios narrativos como extraños saltos en el tiempo o encuadres extraños. Es más, si tuviera que destacar un aspecto de esta serie que por ahora roza la matrícula de honor, este tendría que ser la música de la cabecera, que es un blues que no pega ni con cola que parece metido con calzador por nuestro querido Marty.


lunes, 4 de octubre de 2010

Déjame entrar (Let me in) (2010)

Amigos freakies del Mundo Mundial. Estamos de enhorabuena. La Hammer, aquella mágica productora británica que redefinió (y bautizó) el género del terror, ha vuelto. A mediado de los ochenta, la productora dejó de producir. Después de cambiar de manos varias veces, finalmente un grupo de inversores se decidió a relanzarla hace dos años, y como primer proyecto han elegido este remake de la muy exitosa película sueca Déjame entrar. Si este remake supera el original o no, no lo puedo decir pues no he visto la producción sueca. A tenor de los comentarios, Déjame entrar (Let Me In), sin ser una mala película (¡ni mucho menos!), no es tan buena como el largometraje en el que se basa. Aún así, esta obra es el primer estreno de la Hammer en casi 30 años y eso ya es motivo más que suficiente para que nos alegremos.



Owen es un chaval de 12 años que está en el punto de mira de los matones de su colegio. Sus padres se están divorciando y la auto confianza del joven está muy debilitada como para poder oponer cualquier tipo de resistencia. No obstante, su vida cambia cuando una nueva y misteriosa vecina. Abby, que así se llama la chiquilla (interpretada por la nueva estrella infantil del momento, Chloe Moretz), tiene una extraña aversión al sol, no siente frío, posee fuerza sobrenatural y bebe abundantes cantidades de sangre. Efectivamente, es una vampiresa. Como en toda historia de vampiros de calidad, el ser sobrenatural se enamora, pero en este caso tenemos una historia de amor preadolescente (excepcionalmente descrita por la cámara del director Matt Reeves).

Uno de los puntos a destacar de esta producción es el uso de la cámara y del fuera de campo. Reeves ha tomado nota de los maestros de la tensión y consigue ponernos los pelos de punta enseñándonos muy poco. Especialmente memorable es un accidente de circulación que se muestra en un solo plano (¿secuencia?) desde el interior del coche. Para mi es uno de los mejores planos que he visto en muchísimo tiempo. Otra convención con la que el director rompe sabiamente es con el mecanismo mirada-objeto mirado. Muchas veces veremos como reacciona el personaje sin saber ante lo que está reaccionando, y la habilidad de Reeves para utilizar este recurso en su justa medida hace que el suspense no se convierta en irritación.

La película tiene un par de sustos, pero no es una película de terror de sustos. Es más bien una película con un ritmo pausado que recuerda a Thirst de Chanwook Park. El ritmo pausado, el objetivo centrado en el espacio vacío y la nieve (hay pocas combinaciones de color más sugerentes que el blanco de la nieve y el rojo de la sangre) hacen que el estado anímico del espectador bascule entre la calma y la tensión. Esta ruptura (solo en apariencia) de las convenciones del género de terror contrasta violentamente con la banda sonora, que exagera los modos de la partitura para largometraje de terror. Todo lo dicho anteriormente hace de Déjame entrar (Let Me In) una película cuyo visionado recomiendo, aunque supongo que muchos pensarán que es más recomendable el visionado de la película sueca en la que se basa.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Rojos

El otoño ha comenzado y se nota en las parrillas televisivas. Grandes series del verano como Entourage, nos han dejado hasta el año que viene, con los dientes largos por ver cómo termina la serie en los escasos 6 episodios que formarán la ultima temporada. Otras series que hemos comentado en este blog, como Glee y Smallville, ya han regresado para entretener a los televidentes hasta el verano que viene. Glee intentará asentarse y convertirse en un clásico de la cultura popular, y la verdad es que parece que va camino de ello. Por su parte, Smallville regresa con su décima y última temporada para intentar cerrar todas las tramas y contestar la pregunta que todos los freakies nos hacemos: "¿Veremos a Tom Welling con mallas y capa surcando los cielos?" La otra serie que aquí vamos a seguir es Boardwalk Empire, protagonizada por Steve Buscemi y que es la gran apuesta del año de HBO. El piloto ha sido dirigido por el sensacional Martin Scorsese y la verdad es que es una gozada. Tras ver el piloto creo que Los Soprano y The Wire tienen sucesor. Dejaré pasar unos cuantos episodios antes de publicar una reseña aquí.

Rojos (1981)

Rojos, dirigida por el actor Warren Beatty, es un biopic sobre el matrimonio formado por los periodistas John Reed y Louise Bryant (interpretada por Diane Keaton). Ambos fueron activistas comunistas y feministas a principios del siglo pasado. El extensísimo largometraje, de 200 minutos de duración, combina la entrevista documental (con personajes reales, aunque en un principio parezca que sea un falso documental) con la narrativa más convencional. John Reed es conocido por su crónica de la revolución bolchevique, Diez días que estremecieron al mundo, y la segunda parte del largometraje está casi totalmente situada en la Unión Soviética, convirtiendo a este filme en una especia de réplica épica a Doctor Zhivago. Comparando ambas obras, producidas en un lapso de tiempo de 16 años, diría que Rojos es ligeramente superior, aunque el filme de David Lean tenga un mensaje político con el que simpatizo más y una banda sonora magistral (este aspecto quizás sea lo más mejorable del largometraje de Beatty).



Comentar una obra con un talante político tan acentuado sin comentar la política en sí es muy difícil, así que ni siquiera voy a intentar censurarme (gran mentira, pues todo comunicador se autocensura de una manera u otra) para intentar agradar a todos los lectores. La primera parte de la película, situada en su mayoría en EE.UU. parece una parodia de los simpatizantes de la izquierda durante la Primera Guerra Mundial. Dicha sátira me parece que no ha envejecido, y que es totalmente aplicable a los rojillos de hoy en día. Al fin y al cabo, tanto John Reed como Louise Bryant provenían de familias muy adineradas y pretendían decirles a las clases trabajadoras lo que debían pensar y desear, sin ellos querer rebajar las prestaciones materiales de su vida. Así, la primera parte del largometraje discurre entre playas, chalés, apartamentos en el Greenwich Village de Manhattan. El alcohol, las drogas, el sexo sin compromiso y el seudo-arte de dudosa calidad fluían caudalosamente por la vida de estos modernillos de principios de siglo pasado. Como veis, en algunos aspectos, las cosas no han cambiado tanto. Antes incluso de que existieran los hippies y el Che Guevara hubiera nacido, ya había pijippies. Eso sí, a diferencia de hoy, dichos pijippies no tenían look de perroflauta, sino que vestían traje y corbata, y eso en sí ya los hace menos desagradables. Cerraré el comentario de esta primera parte con el testimonio de uno de los entrevistados en la película: “Todo aquel que pretende arreglar los problemas del mundo es que no tiene problemas propios”.

Al final de la primera parte de la película, John y Louise se van a Rusia a cubrir la Revolución Bolchevique. Ambos se convierten en autoridades literarias y el mundo escucha lo que ellos escriben. Es en esta parte donde Warren Beatty me hace un regate y me rompe la cintura, porque las hermosas imágenes facturadas por Vittorio Storaro (se llevó el Oscar a la mejor fotografía merecidamente) parecen transformarse en una oda a la Revolución Rusa. No obstante, si algo me queda claro de esta película, es que tanto John como Louise eran unos románticos que se estrellaron contra un sistema, como el comunismo, que es lo más antitético al Romanticismo que hay. Lo más curioso es que, esta parte del filme, que choca más con mis ideales políticos, me parece mejor que la primera parte. Hay que reconocerle a Beatty que, al utilizar dos puntos de vista, quizás haya logrado narrar la historia de la manera más neutral posible. Por otra parte, quizás todo esto lo esté construyendo yo en mi cabeza.

Con esta obra, Beatty se hizo con el Oscar a mejor director, y creo que gran culpa de ello tiene la diversidad formal del relato. Este es el único largometraje que yo haya visto que combine la ficción y la no ficción de esta manera. Insertar testimonios en la ficción es ya casi una técnica convencional, pero dichos testimonios son siempre ficticios, provenientes del falso documental. En este caso, los testimonios son reales y tampoco es que sigan o guíen los designios de la ficción del largometraje. Es casi como si estuviéramos viendo dos piezas sobre un mismo tema a la vez y fuéramos alternando de una a otra. Así, estamos viendo 3 películas en una (la ficción, fraccionada en dos partes bastante independientes la una de la otra, y la no ficción). Es por eso que la película es excesivamente larga para verla cansado, pero aún así me parece muy recomendable.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Nadie sabe nada (los secretos del cine) (2006)

Esta obra dirigida por Bill Couturié, producida por la cadena de televisión por cable HBO (repitan el mantra conmigo: “HBO, guíanos por el camino de las bienaventuranzas…), trata de encontrar un sistema de reglas que pueda determinar el éxito o fracaso de una película. La conclusión a la que el realizador y los espectadores llegamos, fielmente reflejada en el título español, es que nadie sabe nada. Pregúntenle a los gurús de la economía y todos te dirán lo mismo: a todas las industrias se les pueden aplicar las mismas reglas menos a la industria del entretenimiento. Personalmente, opino que la singularidad de esta industria reside en que es la industria con la mayor densidad de ego del mundo.

El documental da voz prácticamente a todos los estamentos del cine. Por un lado tenemos a actores como George Clooney (el cual declara que hace películas como Ocean’s 11 para poder hacer películas como Buenas noches y buena suerte), a directores como Sydney Lumet, a críticos como Peter Bogdanovich, ejecutivos como Alan Horn o productores como Robert Evans. Se echa de menos la opinión de los que originan la magia del cine, los guionistas.

Al principio del metraje se habla sobre los orígenes del término blockbuster y se dice que Tiburón fue el inicio de toda esta locura de éxitos de taquilla veraniegos. Lo curioso es que, según los responsables de la producción, el resultado final fue totalmente fortuito. El tiburón mecánico que construyeron no funcionó durante la mayor parte del rodaje, así que tuvieron que ingeniar mecanismos visuales y narrativos para enseñar algo que no estaba ahí. De esta manera, una película cuyos productores pensaban que sería un auténtico fracaso, terminó convirtiéndose en el primer blockbuster veraniego de la historia.

Y así hemos seguido, avanzando hacia una época en la que no solo tenemos blockbusters de verano, sino que también los tenemos de navidad (Avatar). Este documental, rodado en 2006, se queda un poco desfasado. Así son los tiempos en los que vivimos, en 4 años la industria ha introducido los blockbusters en 3D y la piratería se nota mucho más.

A nivel formal, este documental no es más que una película de entrevistas e imágenes de archivo, con un muy televisivo estilo de montaje. No es de extrañar, pues ese era el medio al que iba destinado. Aún así, más que un defecto, veo esto como una virtud, ya que, aparte de no aburrir, me resulta interesante discutir la industria cinematográfica desde el lenguaje televisivo, que a todos nos queda claro que está siendo más efectivo a la hora de enganchar a los espectadores que la pantalla grande.

Tuve la suerte de comentar esta película con su Director de Fotografía, Stephen Lighthill. Obviamente, en un documental de estas características, el no tuvo mucha libertad creativa, pero lo más curioso de la producción fue el hecho de que se pagaron 2 millones de dólares solo los derechos de las imágenes de archivo. Se llegó a la absurda situación en la que Warner le cedió los derechos a HBO como si fuera una empresa cualquiera, aunque ambas pertenezcan al mismo grupo empresarial, TimeWarner. Si estas prácticas absurdas son la norma en Hollywood, no me extraña que no haya manera de entender o predecir los resultados de un largometraje en taquilla.